Deportivas, bien vestidas

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Contenido exclusivo para el blog de Naf Naf, Le Style Naf Naf.

Haz este ejercicio. Pregúntale a tu madre – o a tu abuela – si cuando tenía tu edad, los tenis (o zapatos deportivos) eran parte del buen vestir. Pregúntale si usar zapatos destinados al ejercicio (o para alguna actividad deportiva) podían usarse con un vestido, una falda lápiz, una prenda de encaje o con el propósito de verse chic.

Una característica de la moda que no cesa de deslumbrar a quien la observa y sigue: hace posible, con el tiempo, lo que en otro momento bien podía ser prohibido o pecado de estilo.

En 1975, la moda ya había dado un giro hacia una especie de “libertinaje”; adiós a las reglas y a las autoridades fijas. En 1985, el mundo ya estaba un poco más familiarizado con la onda del fitness y la ropa respectiva. En 1995, la informalidad se había hecho una estampa y rasgo común para vestirse. En 2015, las fotos de estilo callejero, las creaciones de blogueras en los lugares más distintos y las fotografías que inundan nuestro Instagram, nos han entrenado para reconocer que hoy, los tenis – Converse, Adidas clásicos, Nike coloridos – son una de las muchas opciones que tiene una mujer para verse estilosa. Y chic.

Para muchas mujeres, la ropa deportiva tiene un lugar de uso exclusivo: el gimnasio. O alguna cancha. O el asfalto sobre el que corren una madrugada o una tarde. Para las mujeres de otras generaciones, los tenis y las piezas cercanas al atletismo son la antítesis del buen vestir. Para las entendidas del mundo actual, lo deportivo, en cambio, es símbolo de un mundo donde en el vestir, todo parece posible.

La moda se asocia con frecuencia al ejercicio calculado de producirse. De salir de la órbita común. De coordinar los elementos correctos para generar impacto. Vestirse para el deporte, en cambio, se hace para moverse bien y rendir. Es decir, moda por lo general se asocia con algo más estético; deporte con función.

Que hoy las mujeres que simbolizan el buen vestir incluyan en sus ensambles tenis, chaquetas tipo varsity y materiales que guardan mucha cercanía con los uniformes del fútbol americano tiene que ver con que la moda actual utiliza todos los estilos, todas las estéticas, todas las formas que tiene a su alrededor.

Moda con aire deportivo tiene historia, por ejemplo, en los Estados Unidos. Cuando la Segunda Guerra inundaba París – el centro de la Alta Costura y la fuente de donde venían los modelos que legalmente se copiaban y replicaban en Norteamérica – los diseñadores estadounidenses se vieron frente al reto de fabricar su propia identidad de diseño. Siguiendo los patrones e ideales de una cultura práctica, urbana, utilitaria, el sportswear se volvió el sello del estilo norteamericano. Curiosamente, la tierra que se vende a sí misma como una donde uno de los ideales dominante es la posibilidad ser libre.

Tal vez la tendencia de lo deportivo de hoy no sea nada más que una moda entre muchas otras. Una estética más que la moda absorbe para mantener su ritmo. O tal vez lo sporty chic también dice algo sobre la época que nos rodea y lo que permite a las mujeres que en ella viven: que anden cómodas y también producidas. Es decir, que forma y función se encuentren donde antes se excluían.

Después de todo, los acentos deportivos en el vestir permiten que una mujer se mueva libre, y a veces la libertad es lo que una mujer menor emana cuando la admiramos por su estilo.

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