El Poder de la Ropa Vieja

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CABEZOTE_BLOG-30MAR15

Contenido exclusivo para el blog de Naf Naf, Le Style Naf Naf.

Una brillante crítica de estilo escribió una vez que el mayor deleite que nos da la ropa se esconde en la promesa de lo que nos ofrecerá en el futuro próximo. En otras palabras, tomemos el caso de cuando vamos a comprar algo, cuando lo fantaseamos durante días después de haberlo visto, o cuando nos inquieta no haberlo comprado y haberlo perdido para siempre. Lo que más nos emociona es la promesa de que sea nuestro. Una vez nos pertenece, una vez cuelga en nuestro armario, una vez podemos usarlo cuando dispongamos, la chispa de la promesa se extingue de cierta manera. La moda siempre tiene que ver con futuro y deseo.

En esa lógica – y según este fascinante pensamiento – toda pieza que tenemos pierde su fuerza para nosotras en el instante en que se hace nuestra. Si la moda tiene que ver con deseo, también es cierto que tiene todo que ver también con el tiempo. Y no sólo porque las tendencias, por ejemplo, aparecen en las pasarelas seis meses antes de que usen realmente, sino porque la moda, la ropa y lo que nos ponemos, muestran siempre conexiones con el pasado y el futuro. Como sistema, la moda tiene en su corazón la búsqueda de adelantarse al momento presente y cazar lo novedoso. Como fuerza creativa, la moda, que ha explorado innumerables formas y temas, escarba en sus propios archivos y revive momentos del pasado o distantes en el tiempo. Eso es lo que sucede en la gran escala de la moda. Pero en expresiones más pequeñas, en esa escena diaria donde una mujer se despierta, se para frente a su armario o simplemente debe decidir cómo cubrir su cuerpo, se hacen también presentes las fuerzas del tiempo.

¿No hemos sentido todas cómo algo que una vez nos hinchaba de ilusión, novedad y promesa se siente desgastado y desconectado de nosotras?

Puede suceder también que, después de un tiempo, los contenidos de nuestro armario se sientan desgastados para nosotras. Esto siempre ha sido así para las mujeres. La llegada de ese momento en que nuestra ropa, que hemos usado, combinado, fotografiado, mostrado en público y experimentado comienza a sentirse sin chispa, conexión y sin la emoción que con ella tenemos.

Hoy, en un mundo digital, cuando las mujeres pueden hacerse imágenes de sí mismas con mucha más frecuencia y en cualquier momento, compartimos en las redes y con frecuencia lo que nos ponemos. Y el performance del vestir no sólo tiene alcance para las miradas de nuestro círculo social, sino que también puede ser para un público digital. Eso intensifica la sensación de que se desgasta lo que nos ponemos y de que necesitamos renovarnos con frecuencia.

Muchas veces este desgaste no es uno material. Tiene que ver más con una frase que dice que la ropa de una fina dama no se gasta tanto por su uso como por las veces en que es vista. Así que nuestra ropa no siempre se hace vieja en el plano material. Es la forma cómo la sentimos que va dejando una estela de desgaste.

Y sin embargo, también es fascinante ver cómo la ropa literalmente vieja – o vintage – ejerce un hechizo sobre ciertas mujeres. En algunas grandes ciudades, donde cada vez más la moda está dominada por la moda rápida y la posibilidad de que otra mujer tenga lo mismo que tú en la misma calle, algunas mujeres han optado por incorporar de manera frecuente la ropa de segunda o la ropa de otra época en su performance sartorial. ¿Qué buscan? Unicidad. La sensación de que lo que poseen no lo tiene nadie más; a veces la conexión con la estética de otro tiempo; en algunas instancias reconectar con un tiempo donde tal vez la moda rápida y en cadena no existía.

Como tantos otros temas de la moda – y de lo femenino – esta relación con la ropa vieja es ambigua. Porque también es cierto que si bien nuestra ropa, en la medida en que la usamos y mostramos al universo puede sentirse vieja, también es cierto que a veces pasa que dejamos algo en el fondo de nuestro armario durante meses o años, un día lo reencontramos y sentimos de repente una chispa que nos genera el pasado, o un sentido de renovación particular. Y también es cierto que recombinar lo mismo de forma frecuente es una prueba divertida o deleitable de creatividad. La base del estilismo dinámico. Y al final, esa emoción de que nuestra ropa es vieja puede generar, según nuestro ánimo, desgaste y ganas de renovarnos o el deleite de sabernos usando algo de otro tiempo, más singular. La fuerza de ese sentimiento lo pone la mujer, su vida y su mirada.

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