Bolero

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Ese género llamado Bolero, que me ha confirmado siempre la posesión de un alma vieja. Que marca mi romanticismo de criatura caribeña – mecida por la palma, alentada por el piso de ajedrez, atraída por el ideal estético de otras épocas, mixta y moderna. Género que ha acompañado tardes solitarias de pluma aislada. Que con sus cadencias y elegancias retrata las distintas almas de lo latinoamericano. La forma cómo lo latino pendula entre el proyecto de ser moderno y esa condición natural, casi mágica de su herencia – terrenal y cruzada con herencias de ultramar. El bolero tiene zarzuela y flamenco, violín y piano europeos, canto lírico italiano, aire inglés de country dance y, claro, la negrura exquisita de lo africano, el tambor y el performance de danza agitado. Un ritmo de muchos sonidos que evoca la plantación, es decir, la coexistencia de distintos sonidos, entonados por la variedad de lenguas. Así, el bolero es metáfora de eso que tanto menciono cuando hablo de lo chic caribeño; de nuestros eclecticismos; de la elegancia criolla. Pero, el bolero es amor, o dolor de él; y esta fiebre la reconocen sus adeptos. El bolero es una cadencia de palmas y salones de baile con vestidos que llegaban al punto medio entre la rodilla y el tobillo; de temperatura alicorada y humo espeso; y también, como leí en un ensayo de José Arzubiaga, es discurso amoroso, clima y tensión, aguda añoranza, “una filosofía que permite soportar los rigores del amor”. Y también las imágenes potentes que se avivan cuando suena Bienvenido Granda, Celio González, Daniel Santos, Roberto Ledesma, Nelson Pinedo, Rolando Laserie, la gran Celia – quien fuese entre La Fania y La Sonora Matancera entre hombres bendita mujer -. Y Beny Moré. Y esos años, desde 1930 hasta 1965 de fulgor musical, de dedicatorias y relatos, de una forma de vivir las cosas a lo latinoamericano, donde entran todas sus razas y sus formas unidas por esa sensibilidad que sabe estar triste sin abandonar nunca el predio de lo alegre, que conoce el sabor unido con la elegancia. El bolero, entre mis grandes pasiones musicales; referente de lo chic caribeño, gran metáfora de lo latinoamericano. Maravillosa fuente para la moda nuestra

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