Suavidad vs Ferocidad

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CABEZOTE_-8FEB15

Contenido exclusivo para el blog de Naf Naf, Le Style Naf Naf.

La ferocidad rara vez ha sido celebrada como un atributo de la feminidad. Las características clásicas de lo femenino dictan que una mujer debe ser suave, delicada. Ser ‘feroz’ puede tener la connotación de ser rabiosa e intimidante. Lo curioso que estos extremos para percibir la feminidad hayan sido trazados por la mirada de los hombres, que entienden el mundo más en blanco y negro. Las mujeres, que vemos las cosas con matices, sabemos que, en realidad, una mujer puede ser suave y feroz al mismo tiempo.

Algunas ideas dictan que las mujeres feroces tienen rabia, no son femeninas y odian a los hombres. Algo que recuerda mucho a las nociones distorsionadas que existen en torno al feminismo. Y sin embargo, fue el feminismo el que permitió que las mujeres se volvieran seres independientes en lo económico y lo social; que tuvieran libertades sin precedentes y que pudieran combinar roles tradicionales – ser esposa y mamá – con posiciones más retadoras y complejas – como entrar en espacios de trabajo usualmente masculinos, ser directivas empresariales y convertirse en individuos asertivos en competitivos mundos laborales.

Sin embargo, a veces, como escribió una escritora de estilo, una revolución puede generar un nuevo tipo de tiranía. Cansadas de ser serviles y domésticas, muchas mujeres se fueron al otro extremo para poder basar su identidad en algo más que la belleza, el casamiento y la maternidad. Incluso, algunos movimientos de vestimenta, como el famoso ‘power dressing’ de los noventa, hicieron que muchas mujeres asumieran más posiciones masculinas en el vestir para poder lograr ciertos objetivos.

¿Cómo trazar el límite entre ferocidad y radicalismo? ¿Cuál es la diferencia entre una mujer suave y una dócil o servil? ¿Cómo ser feroz y suave, en equilibrio?

En una entrevista para “The Gentlewoman” de hace unos años ya, la gran dama del diseño de hoy, Phoebe Philo, capitana de Céline, le dijo a Penny Martin que tal vez las mujeres de hoy habían perdido cierta suavidad, algo tan profundamente femenino, por el afán de ser fuertes y feroces. Esta frase salió de una mujer que, tras su éxito arrollador en Chloé decidió dejarlo todo unos años para cultivar y cuidar de su familia. Luego, al reincorporarse y tomar las riendas de Céline construiría esa visión de lujo, exquisitez, confortable y desafiante feminidad que hace a tantas mujeres suspirar e imitar. Sin hacer concesiones al privilegio que representa su familia (si bien Céline está en París, Philo requirió permanecer en Londres).

Es comprensible que después de tanto tiempo atadas a posibilidades tan estrechas, las mujeres se volvieran un poco demasiado feroces. Hoy, en una época en que es posible buscar más balance porque ya están más asentados los regalos del feminismo, el reto – y la maravilla – es tener la posibilidad de ser tanto suaves como feroces.

Esa ferocidad y esa suavidad, sin embargo, tiene que empezar, sobre todo, en nosotras mismas. No es para nadie más. A veces, temerosas de algo, necesitamos ir a las fuentes de nuestra fuerza y ferocidad. A veces, cuando las cosas son difíciles, necesitamos ser suaves con nosotras mismas. Extraer la delicadeza que no es aprendida o impuesta por normas de afuera, sino que brota de esa capacidad femenina para nutrir y vivir con sensibilidad. De allí, esa dualidad, tan femenina, de ser fuertes y delicadas, se extenderá a todo lo demás en nuestras vidas.

Somos seres extraordinarios las mujeres. Vulnerables y poderosas. Suaves y feroces. Los hombres, que por su inevitable naturaleza a veces ven las cosas tan cuadriculadas, a veces no entienden esta magia de que en nosotras la contradicción muchas veces es simultaneidad. Lo cierto es que no hay versus entre suavidad y ferocidad. Toda mujer real es ambas de manera simultánea.

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