Criollamente

by

Coco

 

Una de mis grandes amigas @fashionlessons me preguntó en estos días qué es lo que más amo de Cartagena. Alentada por tan bonita pregunta respondí, tras una pausa pensativa: el sabor. Es decir, esa exuberancia sabrosa y criolla, cargada de vibraciones coloridas; lo champeta, lo que viene untado de conga y acento con estelas de lenguas numerosamente africanas. Lo champeta, lo criollo, lo que bulle de vitalidad alegre aún cuando las circunstancias sean pobres materialmente, ese eco del picó, ese sonido de cuerda de los ritmos del África, un poco furiosos pero dispuestos al gozo. No es la elegancia o los colores, lemas que también adoro, o su capacidad para el eclecticismo por su condición de puerto, o su sincretismo magnífico. Sí, eso, claro, y los pisos de ajedrez que pueden ser también de Sevilla y los morenos con camisas de flores que oyen salsa como filosofía de vida; y las bellezas de verdor en los patios centrales de esquemas coloniales, sí, las veraniegas y los abanicos, las formas de las señoras y la cadencia de los días, los oros y los violetas, los azules y el fragor inmisericorde del calor. Si, a todo eso, en mi rotundo amor por lo Caribe; pero, sobre todo, adoro lo criollo, lo vibrante, lo mixto, lo vivaz, lo pintoresco y lo sabroso de lo champeta. 

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