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Retrato de una Pasión. Tengo la memoria viva, de que cuando tenía un poco más de cuatro años y mi hermana Amelia nació, tenía un cuadernillo largo que llenaba de jeroglíficos infantiles. No sabía aún escribir, pero sentía unas ansias desbordantes por adquirir la habilidad; entonces, como para prepararme, llenaba las hojas, completas, de signos y garabatillos. Para la misma época de infancia, uno de mis abuelos me reveló que si llenaba hojas de círculos continuos tendría en el futuro una bella letra para escribir. Y practicaba. No recuerdo sin embargo cuando arribó el conocimiento de escribir a mi, pero si recuerdo que en mis fantasías infantiles mi poderosa ambición era llegar a la adultez y dedicarme a escribir. Lo hice, desde temprano – ensayando cuentos que parecían más mini filmes y que no eran mi fuerte; me trasladé al dominio de la poesía a los once años, mantuve diarios muy meticulosos de mis pensamientos adolescentes, de mis descubrimientos de la filosofía. Más tarde, brotó en mi un apetito por los libros complicados; encontré en ellos un resguardo inigualable que me sirvió de cómplice en las soledades adolescentes del Caribe. De joven adulta perseguí una intelectualidad que me componía pero que no me detenía del todo, y un día, ya entrados unos pocos años universitarios descubrí que el periodismo era una forma de narrar o verbalizar esa dualidad de la experiencia interna-externa que tiene un escritor desde temprano. Escribir es el acto que me vivifica. Y sin embargo, es a veces una pequeña tortura, un rondar de días, o semanas sobre un tema que carcome y cuyas palabras no llegan sino después, de repente, como signos-imágenes que descienden en una experiencia sensorial, como si fueran aves en descenso, fatigadas. Dorothy Parker dijo una frase que siempre vivo “odio escribir, pero amo haber escrito”. Thomas Mann decía que para un escritor es más difícil escribir que para cualquier otro mortal. Escribir es mi prisma. Mi acto definitivo. el compás que me define. La moda y el estilo son un portal. La feminidad un lente. La cultura una forma de darle sentido a la vida. Pero en el fondo, siempre es escribir; el acto que me hace, me llena, me define.

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