Mujer en el Espejo

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mujer en el espejo

Cuando una mujer se mira en el espejo se encuentra con que su reflejo le devuelve una dualidad siempre: otra mujer que es ella misma también. La compleja relación de las mujeres con el acto de ver implica una delicada y compleja dualidad – de verse a sí misma como algo externo aún cuando sea ella misma quien se ve. Para ser un ser de moda, una mujer debe mirar otras mujeres vestidas, imágenes de ellas, compararse y medirse contra ellas; emular sus formas, adaptarlas, acogerlas. Y también, siempre, actuar conforme a ella misma, su propio gusto, su propio cuerpo. Pero una tradición histórica de complacencia, de tener que ser seres plácidos, para complacer, una costumbre femenina de externalizar la felicidad, de depositarla afuera, de sentir sentido de validez de la aprobación externa – ha hecho que la relación de la mujer con su reflejo sea aún más compleja y difícil. Una mujer se ve a sí misma y en simultáneo se imagina como será percibida por ojos externos. El acto de vestirse está cargado de esto. El acto de ser lo está también. Cómo usar la mirada de los otros para afianzar y no crear sobre una base externa su sentido de ser? Esa es una de las preguntas que encuentro siempre más inquietantes en el acto de ser mujer. Crear un campo de visión desde adentro. Mirarse en el espejo como un encuentro con ella, no siempre bajo la comparativa visión de los otros que irán a verla. A veces, para verse a sí misma, el lugar donde mirarse no es el espejo. Sino el reflejo de algo intangible, que no se ve: un sentido sólido de su ser.

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