Vestir Festivo

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Contenido exclusivo para el blog de Naf Naf, Le Style Naf Naf.

En los años ochenta, una escritora llamada Elizabeth Wilson emergió en la escena del pensamiento serio sobre la moda. Con una pluma fina, Wilson también era feroz y cuestionaba aquellas miradas feministas que habían dictado, durante algún tiempo, que la moda era una especie de prisión limitante para las mujeres.

Por motivos que debemos entender – como el cansancio que tenían muchas mujeres de ser definidas sólo por su apariencia – muchas corrientes feministas consideraron que la moda era enemiga de las mujeres; que las banalizaba y las ataba a preocupaciones limitantes que robaban su identidad o su ser. Que las mujeres debían ser más prácticas, buscar formas de vestir más funcionales, salirse de los esquemas de la estética.

Pero mujeres como Wilson – pensadoras serias, feministas y además adoradoras de la ropa y el vestir – brindaron nociones mixtas. ¿Quién dijo que el adorno debe tener un fin netamente funcional? ¿Desde cuándo el goce estético, tan femenino, significa una prisión? Si la moda permite que las mujeres se transformen – sin dejar de ser las mismas -, si permite que jueguen en un tipo de mascarada, si pueden ceder al juego y la fantasía a través de la ropa, ¿no será más bien que la moda es una fuerza que pude ser más subversiva que sumisa?

En épocas de fiesta, cuando nuestro vestir asume matices de celebración, de fantasía y de brillo, pienso un poco en Elizabeth Wilson y su capacidad maravillosa de entender, celebrar y escribir que en nosotras las mujeres el vestir está lleno de posibilidades, contradicciones y matices. NAF NAF celebra siempre un tipo de vestir que incluye la función y el ornamento, la urbanidad y la ultra-feminidad, la vida moderna y el romanticismo.

Y en estos tiempos, cuando las invitaciones reclaman un espíritu festivo, cuando llegan eventos, cenas, mini-eventos y encuentros, cuando despedimos un capítulo y damos la bienvenida a una página fresca en nuestras vidas, las mujeres pensamos también en qué ponernos para reflejar la época que nos rodea.

¿Y qué mejor manera de celebrar las fiestas que ponernos en contacto con esos aspectos femeninos de los que hablaba Wilson? Es decir, fantasía, mascarada, placer estético y el goce profundo que nos permite a las mujeres la ropa, el ornamento, la belleza al vestir.

Un vestido rojo. Sobrio o dotado por un estilismo dramático de joyas en fantasía. Piedras y brillos. El uso correcto de las lentejuelas. Las plumas para agregar un elemento divertido, no tan serio, pícaro. Los blancos y marfiles cubiertos en ornamentos luminosos y sutiles. El negro reinventado por elementos inesperados y llenos de espíritu de fiesta. Inspiración maravillosa en las perlas y en la estética brillante de los años 20, tipo ‘The Great Gatsby’; adornos en el pelo, mezclas de faldas con brillo y sacos calientitos.

Recibir el año de rojo, con dorado, flecos, o blanco cargado de complementos grandes y generosos en brillo. Y sobre todo – y siempre – buscar ese vestir que refleje el momento del año, las ocasiones, los momentos, y que nos conecte con nuestros gustos e identidades. Que el vestir para las fiestas refleje la belleza de esta época, llena de gratitud y lucecitas, de los individuos de nuestros afectos y sobre todo: que sea una forma de celebrarnos a nosotras mismas y la vida que maravillosamente poseemos.

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