STREET STYLE

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Foto: Julien Boudet, creador de la mirada poética de bleumode.com

Vanessa Rosales
Nueva York

La idea del street style siempre me ha cautivado. Desde tan atrás como 2005, cuando, inexperta y un poco embelesada, reporteaba a pequeña escala sobre lo punk, lo electrónico y el psychobilly en Bogotá. Escribía mis pequeños hallazgos en Cartel Urbano, en una época en que el new wave regresaba y cuando existían lugares como Socorro y La Sala.

Tal vez porque nací y me crié en Cartagena de Indias, una ciudad que motiva, por su clima y su cultura, al ejercicio, el bronceado y a mostrar el cuerpo desde temprano, la idea del ingenio en la ropa me sedujo con tanto poder.

Para mí, como para muchos, street style ha sido sinónimo de personas que se construyen a sí mismas con un vestir lleno de detalles. La idea del yo que se proyecta en la estética. La adaptación a una serie de formas – y normas informales – para pertenecer a un clan, un movimiento o a una franja de la vanguardia.

Durante un tiempo, también asocié la idea con el temperamento de las épocas. Con la diferencia visible en John Travolta en Saturday Night Fever, ambientada en los 70, y en Grease, con su historia en un bachillerato de los años 50. Lo sentía en las imágenes de Woodstock, que llegaron a mi deslumbramiento en el apogeo de mi adolescencia. Lo observaba en las camisas y los pelos de Eddie Vedder, en concierto o en el film noventero – con fondo grunge – llamado Singles. Lo notaba en lo que llevaban Liv Tyler y Renee Zellwegger en Empire Records y Alicia Silverstone y su tribu, en Clueless.

Pero como muchas cosas en la moda, el street style tiene mucho de mito. Si se ve desde el punto de vista del flaneur, esa figura francesa y anónima que se pierde en la multitud urbana para sumirse en el placer de observar a extraños bien vestidos, entonces significa que estilo callejero es sinónimo de personas creativas con la ropa. Algunos estudiosos de la moda han dicho, por el contrario, que el street style es aquello que sucede en el día a día, en la ropa que se ponen los mortales – muchas veces desentendidos del universo de la alta moda.

En el subway neoyorquino, un paseo por las mañanas no se parece en nada a las imágenes fantásticas de Tommy Ton. Pero un sábado en Soho, por otro lado, es un abanico visual de criaturas conscientes de su apariencia, con piezas y combinaciones dignas de ser fotografiadas.

Mi fascinación particular es por aquellos que tienen ese nivel de compromiso para vivir adheridos a una estética fija – pienso en los punk bogotanos que circulaban las calles en 2005. Hoy, sin embargo, y desde hace años, las tribus urbanas son radicalmente distintas. Street style tiene múltiples significados, difíciles de adscribir a un look particular. Nuestra era es de moda fragmentada y de total eclecticismo. Y las personas que van a los desfiles saben bien que habrá multitudes de fotógrafos buscando buen material. Así que los límites entre creatividad y artificio se han vuelto borrosos.

Street style , finalmente, es un concepto. Y como todo concepto, varía según la época, el contexto y el lugar. Así que street style puede ser la vida cotidiana de los mortales o las fotografías captadas por millares de fotógrafos dedicados al género que rondan el globo terráqueo y el mundo de la moda digital.

Para mí, sin embargo, existen algunos fotógrafos de moda callejera – que usualmente realizan su trabajo a las afueras de los grandes desfiles en Nueva York, Londres, Milán y París – que han hecho del street style una maravilla visual. Pienso en Tommy Ton con sus imágenes vibrantes y elocuentes para Style.com, o en las tomas hiperrealistas y llenas de composición de Adam Katz de la 21eme.com.

Pero pienso, sobre todo, en mi amigo Julien Boudet, de www.bleumode.com., cuyo trabajo, inspirado en el concepto del “momento decisivo” de Cartier-Bresson está logrando combinar alta moda, poesía visual y el sentimiento de nuestra época y su urbanidad.

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