Silueta Visible: Faldas Midi

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Contenido exclusivo para el blog de NAF NAF, Le Style Naf Naf.

La historia del vestir para mujeres es mucho más que un hilo de cronologías sobre ropas e ideales de estilo. También es un terreno de prohibiciones y libertades. Las variaciones del vestir han sido índices de aquello que ha sido permitido y reprimido en la vida femenina.

El corset, por ejemplo, y su efecto de cintura ceñida y caminar flotante fue, durante largas décadas, la norma en la moda. Pensadoras extraordinarias como Valerie Steele han revelado que el corset era mucho más que una mera constricción – que su relación con las mujeres era mucho más compleja de lo que creemos. Pero, en general, el corset es un ejemplo de una pieza que sintonizaba con la vida que llevaban en esas épocas las mujeres, donde no tenían actividades solitarias por fuera de sus casas, donde no andaban solas por las calles y en donde la ropa de una mujer no estaba pensada para una vida de movimiento.

Las longitudes de las faldas, que han subido y bajado, que se han ceñido y ampliado a lo largo de las décadas han sido también reflejo de los estándares de sensualidad que le ha sido permitido a una mujer. Han señalado tendencias estéticas pero también la experiencia de lo femenino en cierto lugar y cierto tiempo.

Durante siglos, las rodillas no existieron para la mirada pública. Las piernas femeninas pudieron verse realmente y en el vestir cotidiano, en el siglo XX, cuando estalló el furor de la minifalda en la década del sesenta. Antes, cuando Christian Dior conducía los gustos femeninos dominaba la falda midi, también conocida como la falda para el té: una campana amplia que llegaba por lo general a la zona media entre las rodillas y los tobillos.

Era la época en que, después de la Segunda Guerra, se promovía el regreso de las mujeres a vidas quietas, inmóviles y domésticas. Las faldas midi, amplias y llenas de tela, eran prendas ideales para esas vidas.

Pero en los 60, llegaron los sacudones culturales y la mini reinó, para escándalo o gusto de quien la mirara. Años más tarde, con el Movimiento de la Liberación Femenina, muchas mujeres se inclinaron por la falda maxi; como una manera de ocultar las piernas y evadir que se les juzgara meramente por su deseabilidad o apariencia. En esa década, justamente, en los setenta, reapareció una longitud intermedia: la midi. Y algunas publicaciones y varios diseñadores dictaron que esa era la silueta que toda mujer debía acoger para estar en tendencia.

Pero sucedió algo. Las mujeres no reaccionaron; y la falda midi no despegó comercialmente. Porque, en el fondo, muchas no querían volver a ocultar las piernas – no querían renunciar a las libertades de la mini falda y de lo que ésta representaba en términos de libertad.

El rechazo a la falda midi reflejaba algo más, algo que se cristalizó especialmente en la década del sesenta: ese espíritu que hoy es ley estética, bajo el cual no hay reglas, ni dictámenes fijos, en que la moda se volvió un abanico de posibilidades y no de dictámenes unilaterales. Las mujeres no querían que ni diseñadores, ni pasarelas, ni revistas les indicaran lo que debían ponerse. Si una quería usar mini, valía; si otra se inclinaba por la maxi, también; y aquellas que sí acogieran la midi eran libres de hacerlo.

Hoy, la midi se ve en pasarelas – como las que acaban de exhibirse para Primavera 2015 -, en las galerías digitales de estilo callejero y en los estilismos de las mujeres más diversas. Una silueta visible, hoy, como tantas otras piezas, es la muestra de que en la moda de hoy valida todos los estilos.

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