MODA: RESPETO POR CONTEXTOS DISTINTOS

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Vanessa Rosales

Esta imagen la tomé en los alrededores de Bazurto, en Cartagena, hace un año. La ropa en despliegue refleja lo que compran – y pueden costear – una gran mayoría de mujeres en Colombia. En nuestro país, una gran mayoría femenina no tiene posibilidades amplias de realización y la moda, para muchos, es un tema ajeno, un lujo lejano. En esos contextos, esas micro-esferas, se forman ideales estéticos y de vestir, moldeados en gran parte por lo que sí es accesible.

Para lo que muchas resulta ordinario, estridente y carente de gusto es, en otros contextos, reflejo de lo ideal para vestirse. La moda y el estilo dependen del contexto. Y aunque es cierto que esta es la ropa que se comercializa masivamente en nuestro país, la que mueve un mercado voluminoso y la que incluso se exporta notoriamente, tampoco es del todo acertado afirmar que es la moda ‘real’ colombiana o a la única a la que hay analizar como válida.

Colombia es un país fragmentado, con micro climas e identidades que varían significativamente de región a región. Así como a las mujeres que sólo pueden costear estos jeans no se les puede juzgar su ideal de vestir, así tampoco se puede imponer a otro cúmulo de mujeres de condiciones distintas que tengan los gustos de estas mujeres.

Hay mujeres e individuos que han sido bendecidos y suficientemente privilegiados para desarrollarse, formarse afuera del país o en esferas virtuosas del país y tener gustos y preferencias estéticas que sincretizan su localidad tropicalista y colombiana con influencias globales.

Si bien es cierto que, por ejemplo, estos jeans y Moda para el Mundo son voluminosamente comerciales, no necesariamente apelan al gusto de estas personas. Así como otras mujeres no tienen por qué entender ni involucrarse en los lenguajes de la moda de afuera. Es peligroso pedir que unas y otras partes acojan los gustos de los otros por un radicalismo que dicta que uno u otro son los “realmente” válidos.

En Colombia hay que entender que para unos #moda son los jeans de esta fotografia. Y para otros puede ser Polite, Kika Vargas, Céline, Zara y así. Cada contexto específico tiene su definición de estilo y moda ideal.

El peligro está en defender posturas resentidas de lado y lado. No se puede pedir a las mujeres que han desarrollado gustos más alimentados por referencias mixtas – europeas, norteamericanas, foráneas – que entiendan o concilien sus preferencias con los jeans de esta fotografía. De la misma manera, no se puede alimentar que estas mismas mujeres descarten esos jeans y lo que representean. Así también, no se puede esperar que las mujeres que ven, por ejemplo, en estos jeans, su ideal, entiendan el lenguaje estilístico de otras mujeres de gustos distintos.

De fondo, todo esto implica un respeto por lo diferente. Recordar que todo es cuestión de contexto. Y que también los gustos que se inclinan por lo europeo y lo norteamericano también son válidos. Como lo es querer ser sexualmente conspicua o llevar prendas visualmente cargadas. De fondo también, se trata de un tema de feminidad: de entender que somos distintas porque venimos de entornos distintos, de contextos e ideales distintos. Y que cada uno es válido a su forma. Y que ninguno debe señalar al otro como mejor o peor. De lado y lado. En todas las direcciones posibles. Lo popular no es lo único ‘real’; lo que combina lo global con lo local tampoco. Somos un país ecléctico, con múltiples identidades, múltiples micro-esferas y múltiples contextos. Múltiples contextos que implican múltiples ideales y por ende, la necesidad de respeto múltiple.

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