FÁBULAS DIGITALES

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Fotografía, editorial y teoría de moda. Lujo artesanal de Colombia y el paisaje urbano de Nueva York. Historia visual con piezas Nora Lozza. Una reflexión sobre las imágenes de nuestra moda digital.

Vanessa Rosales
Fotografía: Matthew Pandolfe

 

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La moda es un lenguaje. Y su medio por excelencia son las imágenes. En nuestra época, de celulares, computadores y pantallas, el lenguaje de la moda es digital. Y por ende, veloz, hiperreal, efímero, siempre cambiante y cargado de detalles.

Los idiomas de los blogs, de street-style –  acuñados populares en 2006 – y los de estilo personal – que florecieron masivamente en 2008 – dominan el régimen estético que el seguidor de moda de hoy considera natural. Ambos universos – complementados y extendidos en el dominio cuadrado de Instagram – comparten lemas importantes.

Desde mediados de los 00, tanto blogs de street-style como de personal style anclaron como discursos alternos de moda y, en su progreso, además de complementar, nutrir y retar a las instituciones tradicionales – como las grandes revistas lustrosas – pasaron a ser parte del lenguaje visual que muchos conocemos y al que estamos hoy habituados. Ambos han permitido que actores e individuos que solían ser periféricos en el sistema participen en las representaciones e interpretaciones de la moda actual.

Ambos han hecho de la calle un escenario global, a veces sin especificidad geográfica, una especie de lienzo de acero en blanco, una localidad que está en todas partes y en ninguna en particular. Esta dimensión, virtual, ha regado la idea – o el sentimiento – de que la moda puede suceder en cualquier parte. Y ambos han alimentado un sentido del tiempo que se transforma con vertiginosa frecuencia y que comprueba que la moda ya no persigue lo nuevo, que lo nuevo puede suceder en Internet a cada instante y que, por ende, los estilos no entran ni salen; se acumulan, todos posibles y válidos.

Pero estos idiomas visuales también hablan de algo más: el acceso y el detalle. Del apetito que tienen y pueden colmar los seguidores de moda de hoy. Desde hace unos años ya que las imágenes de las pasarelas del circuito global están disponibles en línea poco tiempo después de haber sido escenificadas. Hoy, pueden verse en vivo, desde una pantalla, o mientras suceden en la planicie cuadrada de nuestro Instagram. Las blogueras eficaces transforman su vestir casi a diario y esta dinámica refleja el apetito esencial de la moda por la variedad y el cambio.

Así también, estos idiomas visuales dejan ver las formas de un estilismo de forma cercana y exacta; dejan observar cómo se ve la ropa en movimiento, de lado, de cerca, combinada. Dejan saber dónde proviene la prenda que añoramos. Abren la compuerta a las minucias que todo adorador de la moda quiere mirar. Y sobre todo, permiten justo eso: mirar. Cuando, cómo y dónde queramos.

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Bolso Tulipe y botines nude de Nora Lozza

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Esta forma de ver la moda – con acceso veloz y con un indulgente y microscópico sentido del detalle – nos ha dado una experiencia particular; haciendo sentir que la moda es cercana, tangible, próxima, – prometiendo con cada imagen un sentido de posibilidad. Sabemos de dónde proviene la ropa en la entrada de una bloguera personal (e incluso dando clic podemos ir al sitio online donde comprarla); podemos estudiar cómo están compuestos los looks que nos cautivan. Después de todo, la moda siempre ha sido un lenguaje visual que incita a sus seguidores – en especial a las mujeres – a estudiar sus imágenes, a adaptar las formas de vestir que plasman, a interiorizar y replicar los gestos y movimientos de las mujeres vestidas que protagonizan dichas imágenes.

Vestirse, dijo la historiadora Anne Hollander, siempre es producir imágenes. Hacerlo implica casi siempre usar otras imágenes externas como referencia. Y ese cóctel de imágenes – que van desde las personas que encontramos en el transporte público hasta las que miramos con atención en nuestras computadores o celulares – es lo que da forma a nuestros ideales de moda y estilo.

Los seguidores de moda de hoy están entrenados por una realidad visual que se ve, sobre todo, en pantallas planas y en alta definición. Una realidad hecha de close-ups, de mezclas eclécticas – que en épocas de nuestras madres o abuelas podían ser disparatadas. Una realidad visual donde las chaquetas van sobre los hombros (como lo usan editoras y blogueras, y como se acostumbraba en el Hollywood de los años 30); hecha de poses icónicas que mezclan la espontaneidad de lo callejero, el uso de las aceras urbanas – como Richard Avedon lo hizo en los años 40 -, y la calculada composición de las blogueras o las estrellas del street-style (a veces son la misma cosa).

Porque la experiencia de una pantalla es, en esencia, una experiencia individual, la moda – como la cultura – de hoy celebra está fuertemente ligada a la subjetividad. De subjetividades están hechas las posiciones de los millares de individuos que se han unido a la orquesta de opinadores digitales sobre el tema. De subjetividad está hecha la narrativa que crea una bloguera de moda a través de la ropa que escoge. El hilo de esa narrativa es el yo digital. Y ese es el encanto y la dificultad de estos lenguajes. El exceso de subjetividad puede bordear rápidamente en el narcisismo. Se necesita una dosis de narcisismo para fabricar una visión de moda usándose a sí mismo como eje primordial.

El fotógrafo de estilo callejero combina las gracias del reportaje realista con la calculada consciencia de quien se viste para ser captado. Las piezas de moda del presente cobran vida en los gestos – mitad artificio, mitad espontáneos – de las mujeres que las llevan, moviéndose por las aceras urbanas (afuera de los grandes desfiles, deliberadamente para el blog que sostienen o en la vida urbana cotidiana, captada o no por cámaras o teléfonos celulares.) Nuestras miradas digitales están ya habituadas a estos ángulos que capturan fragmentos cargados de detalle. La bloguera de moda fabrica una bella narrativa estética con ella misma como centro, una fábula mitad narcisa, mitad empoderada, basada en la moderna idea de la ropa cambiante.

La escritora de moda, sin embargo, adentro y afuera de la mirada digital, reflexiva y examinadora, lo mira todo desde el prisma de la observación y el pensamiento. Participa levemente en estos lenguajes visuales, se sumerge en las fábulas de la experiencia digital, pero las salpica todas con teorías y conceptos, las filtra por su medio inevitable: el verbo.

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Cartera y zapatos oxford de Nora Lozza

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Cartera y sandalias de Nora Lozza

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Cartera Nora Lozza

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