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Cuando escribí mi tesis en #FashionStudies tuve el privilegio de explorar desde la teoría cómo la rapidez de los ciclos de la #moda actual, la proliferación del llamado fast-fashion, y la omnipresencia de la blogosfera de la #moda (que incluye la abundancia de cubrimiento de moda en periódicos, los blogs de estilo callejero digital, los blogs de #estilo personal e Instagram) han fijado una referencia común de imágenes para los seguidores de la #moda actual. Una gran consecuencia de esto es que el Internet se ha convertido en una especie de espacio geográfico de moda contemporánea y que la moda rápida y la validez de todos los estilos circulantes, han hecho que la estética estilística del presente sea muy similar en lugares urbanos. En Moscú, en St. Petersburgo, en Varsovia y en Cracovia he observado esto, desde el empírico sensor de la mirada. Comprobando que las mujeres jóvenes de hoy están impulsadas por un vestir que viene del fast-fashion, de las imágenes homogéneas en Internet, de la necesidad de vestirse para experiencias móviles y funcionales. También se comprueba que esas imágenes que vienen del estilo callejero digital – el de Tommy Ton y Adam Katz – representa un limitado circuito de alta carga artificial, un mundo de pocos que genera la ilusión de acceso a través de la rapidez de las imágenes. Solo en París se observa algo extraordinario: #estilo que no discrimina edad, mujeres de todas las edades con una indescriptible habilidad para crear looks cargados de sutilezas e ingeniosos pero discretos detalles; y sobre todo algo maravilloso, que contemplo como algo que representa, para mi, una gran lección de feminidad – las parisinas, en su vestir, en su andar, han perfeccionado el arte de la imperfección como gran símbolo fulgurante de su estilo y feminidad. Admitirse imperfectas puede ser uno de los actos más empoderadores que una mujer puede alcanzar.

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