Vestida para la historia

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Contenido exclusivo para el blog de NAF NAF, Le Style Naf Naf.

Toda mujer de la realeza ha tenido inevitablemente una relación con el vestir elegante y fino. Pero ninguna como María Antonieta se ha grabado con tanta fuerza en nuestra memoria como la gran reina de la moda. María Antonieta invoca imágenes de tonos pasteles; habitaciones fabulosamente opulentas; vestidos extraordinarios de Alta Costura; peinados exagerados; delicias francesas en rosa, blanco, lavanda y frambuesa; y zapatos en satines de colores milagrosos como azul pastel y amarillo mostaza, llenos de ornamentos ensoñadores que nos hacen espabilar con sus pequeños brillos.

Tal vez estas imágenes nos llegan sobre todo porque en 2010, Sofía Coppola usó a la reina como centro de un film donde Kristen Dunst interpreta una jovencita indulgente con todos sus caprichos estéticos, entregada al ocio absoluto, rodeada de belleza con gran preciosismo francés, abandonada – casi hasta al delirio – a todo tipo de excentricidad y opulencia en la estética y el vivir. La película de Coppola, concentrada en tantas magnificencias de objetos y vestidos preciosos, usó a María Antonieta para hacer un comentario sobre el consumismo que es posible consuma a las jovencitas y mujeres de hoy.

Debajo de todo el esplendor, de todas las perlas y los visos dorados, de todos los pasteles y los postres, de todo el satín soñado de sus zapatos, la vida de María Antonieta terminó en tragedia: decapitada por los rebeldes resentidos que deshicieron su reino. Y como con toda mujer de su posición, existen incontables mitos en torno a ella, muchos falsos, otros ciertos.

Es cierto que la gran obsesión de María Antonieta era la moda, que fue ella quien inauguró, con Rose Bertin, esa tradición de que una figura real tuviera un diseñador que cumpliera todos sus deseos y caprichos en el vestir, con los materiales más extraordinarios del momento. Es cierto también que María Antonieta vivió, desde su llegada a Versalles a los catorce años, desconectada de la realidad. Y que a lo largo de su vida, la reina ignoró, genuinamente, que su vivir era una colección de despilfarros y excesos.

Esa es una de las grandes lecciones que legó también María Antonieta: que es peligroso rendirse a la apariencia sin conexión alguna con lo terrenal y real. Una lección que podemos aprender las mujeres diariamente, en un mundo que nos impulsa, minuto a minuto, a ver cosas e imágenes bellas de personas que desconocemos en el Internet. Un mundo que nos recuerda con frecuencia que el valor de una mujer se basa en su capacidad para verse o vestirse bien.

Por su contexto y su condición, María Antonieta no tenía manera de conocer algo más allá de sus excesos, no había manera de que comprendiera el equilibrio entre la vanidad y el ser. Nosotras nos enfrentamos día a día y a veces sin saberlo a este reto.

Su historia nos deleita siempre con grandes bellezas, detalles preciosos, texturas de feminidad que aún hoy nos despiertan el latir por nuestra pasión femenina por la estética. Pero su historia también simboliza que el exceso es camino de perdición y que como mujeres, vale siempre luchar por el balance entre la apariencia y el ser.

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