Vogue Latinoamérica

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Vogue Latinoamérica, Abril 2014

Etiqueta Sport

La mujer de moda sabe que existe una línea entre el realismo de la vida y las fantasías del glamour. Que unos stilettos entran distintos en su cuerpo y en su psiquis que unos sneakers convenientes y coloridos. Pero la moda de hoy no la restringe, sino que crea para ella híbridos juguetones que le permiten entrar en la alquimia entre la belleza de lo ornamental y el práctico dominio del confort. La tendencia, de diluir la brecha entre lo sofisticado y lo sport, asomó con fuerza desde 2010, cuando varios diseñadores en la semana de la moda de Nueva York evocaron el atletismo a través de chaquetas varsity, capuchas informales, malla o mesh, así como conjuros sartoriales al surf, el automovilismo y las pistas de carrera. Desde entonces, no sólo precursores de la estética como Joseph Altuzarra, Rag & Bone, Alexander Wang, Phillip Lim y Proenza Schouler revelaron un nuevo orden estético, sino que las calles, esas pasarelas de asfalto hipermodernas, comenzaron a abrir una interesante y frecuente combinación: abrigos cocoon estilizados con tenis neón, vestiditos asertivos y sexy con zapatos que, en teoría, pertenecían al reino íntimo del gimnasio. En las pasarelas de Céline se sentía también una corriente sutil deportiva y en las calles de Nueva York se volvió frecuente la imagen de mujeres con exquisitos ensambles pulidos cuyas extremidades van cubiertas de tenis cromáticamente vivos. Tal vez una de las imágenes más poderosas de los últimos tiempos la protagonizó precisamente Phoebe Philo, cuando se reveló a sí misma en un retrato con pantalones de cuero holgados, un turtle neck crema y un delicioso abrigo azul, concluidos con ese estilismo: el toque de unos tenis rosa y amarillos.

Pero la alquimia entre el lujo y lo deportivo no es una completa novedad. Coco Chanel nos legó esa conjugación cuando, en sus tiempos, supo leer las necesidades de las mujeres que iniciaban actividades que requerían libertad de movimiento. Conducir, caminar, ir a la playa, jugar tenis, llevar una vida urbana, todas aquellas cosas que marcaban una moderna feminidad y que la misma Mademoiselle Coco experimentó en su propia experiencia vital. Entonces, nació una estética de prendas fáciles de llevar que permitían que las mujeres se mantuvieran activas sin sacrificar la gracia poderosa de lo chic. Más tarde, cuando la moda norteamericana comenzó a trazar los matices de su identidad, el sportswear fue su concepto definitivo. La idea nacía de crear una consciencia sartorial, democrática e informal para el Nuevo Mundo, distinta a la de la Alta Costura de París.

Las páginas de Vogue se llenaron de las imágenes fabricadas por la fotógrafa Louise Dahl-Wolfe, evocando escenarios playeros y urbanos, con mujeres que evocaban el espíritu de la sofisticación deportiva: fácil, fresca, femenina, confortable, effortless. Desde los años 30, el sportswear venía ya motivado por la idea de ofrecer una moda más democrática y accesible. De fondo, se celebraba el principio de ampliar las posibilidades de estilismo a través de prendas sporty e intercambiables entre sí. El chic deportivo de hoy lleva tintes de esa moda que es en esencia ecléctica, democrática, híbrida. Las fronteras entre el lujo y el confort ya no están separadas de manera radical. El espíritu de nuestro tiempo está marcado por una amplia gama de combinaciones que admite que aquellas cosas que estuvieron relegadas para la actividad física entren al dominio más ensoñador. Es una era de posibilidades sin precedentes. De ahí que Karl Lagerfeld en Chanel tuviera la audacia de incluir en la última colección de Alta Costura de la casa versiones ultra modernas del Chanel suit, en lavandas metalizados, combinados con sneakers y rodilleras. Si se piensa, esta idea de que el confort y el lujo no se excluyen sino que se funden en una fabulosa alquimia, puede incluso tener efectos de empoderamiento feminista. La habilidad de moverse, dinámica y libre, poseedora de una nueva estirpe de chic, permite que la mujer de moda de hoy renueve en su vida la libertad de movimiento, ese gran y poderoso tesoro femenino.

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