VINTAGE HUNTING CON GLORIA SALDARRIAGA

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Uno de los grandes iconos de la moda colombiana y una de las tiendas que más hace oda al buen gusto en el país. Crónica visual sobre una cacería en el fabuloso mundo de lo antiguo.
Vanessa Rosales

Fotografía: Diana Sandoval
Producción: VANGUARD

La palabra vintage se ha extendido por las esferas del estilo durante una cantidad considerable de tiempo. Su omnipresencia se debe, en parte, a ecos del zeitgeist que nos envuelve: la nostalgia como piedra angular de la moda actual y la capacidad siempre fascinante de los diseñadores para evocar, en versiones contemporáneas, ciertos códigos estéticos de un tiempo pasado. El furor hunde raíces también en el espíritu democrático de hoy; uno que es indulgente con el eclecticismo, las mezclas entre lo alto y lo bajo y la colisión de temporalidades.

Por su naturaleza de ciclos secuenciales, la moda está arrojando su mirada al pasado desde los 70 para extraer inspiración. En un mundo dominado por el fast fashion, donde la imitación de las pasarelas sucede de forma casi instantánea, la posibilidad de poseer algo único se diluye de manera inevitable. Esto sucede especialmente en un país como Colombia, donde el concepto de diseño permanece casi inexistente.

The Vintage Shop, creado hace unos meses por la italiana Carla Sigismund – propietaria del anticuario Novecento – y Catalina Aristizábal, enciende una chispa en el paisaje local con un sentido preciso de timing. La idea de usar ropa ‘antigua’ o ‘de segunda’ recién brota entre el público colombiano como una forma de acceder al extraviado concepto de unicidad en moda. Y lo hace en un momento inédito y particular para la moda colombiana, justo cuando las mujeres hacen más explícito su apetito de apropiarse de hábitos de vestir más sofisticados.

El espacio íntimo y compacto comprime una visión saturada de belleza. Las compradores son confrontadas con el tiempo: repertorios de vestidos Jiki, manufacturados en Mónaco, en la década del 80, sin usar; vanities o sobres tipo Art Deco con espejos internos de los años 20; sets de joyería de Dior o Givenchy de los 50; piezas de cocodrilo de Lanvin de los 70; un ensamble de Christian Lacroix con toda la estampa del sexiness ochentero; enterizos que exudan la frescura chic de Saint Tropez y un amplio repertorio de joyería que apela al sentido más fantasioso de la fijación femenina por la belleza.

Gloria Saldarriaga, cuyas expresiones de vestir bordean el performance – sin fastuosidad ni esfuerzo -, reluce como icono porque sus creaciones estéticas proyectan una verdad interna acerca de sí misma. La fuerza estilística de Gloria está en su capacidad para ser a través de la ropa. De allí que sea natural verla vestida tanto de Zara como de Phillip Lim, que sepa escoger con acierto prendas de diseñadores colombianos y que en sus compras haya una inclinación por poseer lo irrepetible a través de lo vintage. Un recorrido con ella en The Vintage Shop.

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