LENTE CRÍTICO: VANGUARD CELEBRA EL CÍRCULO DE LA MODA

by

circulo-moda

El impresionante montaje del evento refleja el apetito bullente por una moda más global. Subsisten los problemas de fondo, pero la escena de moda en Bogotá sigue cobrando forma.

Vanessa Rosales

Los flashes, el espacio, la atmósfera, la gente. Un espectáculo de moda al fin maduro. Un escenario preciso para un país en el que la palabra (‘moda’) se multiplica aceleradamente. El precinto, blanco, pulido y espacioso refleja un apetito de modernidad. Una pasarela lustrosa, blanca, un fondo negro y frente al catwalk un espacio para acomodar a los fotógrafos ávidos.

Anclado en el Parque de la 93, el montaje efímero del Círculo de la Moda evoca una auténtica carpa (en inglés, tent), palabra institucional en el argot de la moda. El espectador se siente suspendido en una ciudad global que puede impresionar con sus logísticas urbanas y la escenificación de un espacio auténticamente hecho para la muestra de ropa.

El observador casual puede tener vistazo de una chica ataviada en un vestido vintage, santinado, de estampado geométrico, con sombrero y pelo largo. Modelos, empresarios de moda locales, editores de revistas – de las principales y de las independientes -. Un experto de moda sentado en primera fila con traje clásico, una bufanda magenta – o shocking pink, como diría Elsa Schiaparelli – y unos zapatos de la recién lanzada línea Lobo Rosa, azul eléctricos. Una estilista con shorts resplandecientes, un blazer  y unas sandalias metálicas de Alexander Wang. Una reconocida señora de sociedad con su versión bogotana del estilo Chanel: chaqueta afilada y militar, simple, con botones grandes color oro, botas de montar y el logo de la doble C colgando sobre su camisa blanca.

Se avistan los blogueros y un dúo de diseñadores con looks de filo urbano, oscuro y moderno. Una mujer joven lleva shorts de denim, cutoffs, con medias negras y opacas, una chaqueta de cuero negra y, encima, un saco tejido oversized. Chicas que aspiran a una estética más global con blazers coloridos, chaquetas de paño y faldas plisadas en A. Una chica con lentes de pasta amarilla, otra con pelo corto, tipo pixie.

Es un hecho que se cuece una escena de moda en Bogotá. También que existe en la ciudad un sentido de estilo raramente bien capturado por los ubicuos blogueros y los fotógrafos de sociedad más expertos. No obstante, la mirada que se arrima a la noche bogotana encontrará expresiones estilísticas con gusto y creatividad. El ambiente vibra con lanzamientos y fiestas tipo cóctel que se adhieren el mismo credo: la moda.

El apetito por el estilo y la globalidad es evidente, pero aún existen problemas estructurales. Por impresionante que sea el montaje del Círculo de la Moda de Bogotá, el país reclama urgentemente un sistema: centralizar sus certámenes. El escenario ideal: instaurar una gran fashion week colombiana y celebrarla bianualmente. Hoy, un conteo superficial arroja unas 8 ‘semanas de moda’ existentes en Colombia. Que exista una cantidad semejante es ciertamente un despropósito, especialmente en un contexto donde el calendario y el repertorio de diseñadores aún se encuentran en crecimiento.

Así también, la crítica, las reseñas y el periodismo virtual de moda deben sobrepasar los límites del gusto personal. Haría bien la comunidad local en asumir la importancia de la reportería ‘dura’, la necesidad de diseñar un criterio editorial y el uso de imágenes de verdadera calidad. Dentro del mismo contexto, las casas y las marcas de la oferta local comienzan a asimilar el potencial detrás de la vertiginosa comunicación que permite Internet. Diseñadores y comunicadores deben aguzar su sentido se autoexigencia y destreza.

Kika Vargas: los caprichos románticos

Dos diseñadores cerraron la primera noche del Círculo de la Moda de Bogotá: un talento joven,  fresco, y uno de los nombres más conocidos en el país. Arrancó Kika Vargas. El show abrió con la voz de Florence Welch y la imagen de un vestido de juego, tipo princesa, su falda sacudiéndose levemente al ritmo de la melodía. Fue una muestra cargada de exquisitez textil, colisión de estampados, abrigos poderosos y pantalones ensoñadores.

Algunas piezas resbalaron. Perdieron la contundencia expresada en los ensambles más destacados. Sucedió con los vestidos más elaborados, uno de silueta arquitectónica, de proporciones flotantes. Otro con drapeados, turquesa profundo y flores. Un vestido largo en oro barroco y vetas oscuras.

Lo más refrescante de la estilización de Catalina Zuluaga fue la destreza para componer looks con espíritu editorial y la capacidad para mezclar con armonía elementos contrarios. Esos ensambles en particular reflejaron el espíritu de la moda actual. Aquellos looks dominados por los abrigos poderosos – en materiales opulentos, con bloques de color y texturas contrastantes. Refresca el uso de materiales virtuosos y la estampa de una identidad a la hora de diseñar. Kika Vargas apela a un romanticismo que es dramático y por momentos infantilmente delicado, juguetón. Hubo algunos guiños a Givenchy y, tal vez, algunos matices subrepticios de Celine. Lo más poderoso: los abrigos y los pantalones, mezclados o como piezas asertivas y separadas.

No Comments Yet.

What do you think?

Your email address will not be published. Required fields are marked *