CATALINA ZULUAGA: CÓMO ROMPER LOS MOLDES Y VERSE DIFERENTE PARA UN MATRIMONIO

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Las mujeres colombianas tienden a ser monótonas al vestirse para un matrimonio. Es hora de decir adiós a las reglas y de escoger looks en nombre de la moda y la diversión personal. Recorrido de VANGUARD con Catalina Zuluaga.

Producción: Daliz Londoño
Fotografía: Diana Sandoval


Vanessa Rosales

Comenzó con una conversación. ¿Qué suelen ponerse las mujeres colombianas para un matrimonio? Catalina Zuluaga y yo coincidimos en una apreciación compartida: cuando de bodas se trata, las colombianas parecen tener miedo a hacer afirmaciones de estilo.
Recorrimos los diversos puntos del espectro: la estética de reina de belleza que aún impera en los matrimonios de clima caliente, las reglas cada día menos relevantes entre las que asisten a matrimonios de clima frío. Abundan las telas brillantes, satinadas y poco halagadoras. Predominan los estampados de multiforma y color. Lo más común: versiones aburridas de las siluetas imperio y strapless.
Algunas mujeres aún hacen forrar los zapatos con la misma tela que compone el vestido escogido. Si es en Bogotá, muchas aún solucionarán el tema del frío con un tedioso y predecible elemento: el chal. La mayoría de las veces, los vestidos expresan poca vida y emoción. Muchas otras, el vestido bien puede ser bonito, pero la mujer que lo lleva no es la protagonista.
Después están las reglas: no usar sandalias en clima frío, no usar vestidos cortos en bodas de máxima elegancia, usar siempre lo mismo, mantenerse en el terreno de lo predecible. Entonces, nos preguntamos: ¿dónde está la moda, el estilo, el capricho, el juego y la fantasía?
Catalina Zuluaga acababa de asistir a un opulento matrimonio en Ibagué. Había escogido para la ocasión un ensamble audaz: un vestido en tul de seda de Leal Daccarett, rosa pálido, de silueta edgy, corte sirena y transparencias en los hombros, el vientre y la cola de la falda. Un color en tendencia, un vestido atípico, una refrescante manera de combinar lo apropiado, con lo joven y lo sexy. Es poco habitual ver a una mujer vestida de esta manera en una boda clásica, comenté. Así nació la conversación y así, nació la idea: invitar a las colombianas a ensayar en matrimonios opciones más audaces, más refrescantes y posmodernas.
La moda de hoy, ecléctica, vibrante y divertida, reclama que las mujeres colombianas recuerden que un matrimonio no es otra cosa que una excusa para adornarse, dress up, jugar al glamour, interpretar un personaje. Vestirse con elegancia es una excusa para experimentar y para intentar cosas que se salgan de nuestra cotidianidad.
Pocos eventos son tan ubicuos en la vida de una mujer. A lo largo de todo el año, en diversos climas y con los más variados dress codes, los matrimonios son, además, una de esas situaciones que suscitan otra de las preguntas más frecuentes en el universo femenino: ¿qué me voy a poner? Es tiempo de asumirlo como una ocasión más para reflejar estilo personal, para esquivar reglas y salidas predecibles. Una silueta distinta en el vestido, una chaqueta de cuero en vez de un chal o unas sandalias majestuosas en clima frío, todo, al final, logra ser apropiado según cómo se conjugue, mezcle y combine.
La visión de Catalina Zuluaga se une a la perspectiva de VANGUARD para extender una propuesta a las mujeres colombianas: decir adiós a las reglas, hacer una afirmación de identidad y experimentar opciones más vanguardistas y edgy en el look que escogerán para el próximo matrimonio al que sean invitadas.

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