AYSHA: CUANDO MÁS ES MÁS

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aysha

Vanessa Rosales

Bordeada por amplios ventanales que dan a un jardín bañado de luz y vida verde, la habitación de Aysha es un recinto claro, saturado de información visual. Un perchero alto sostiene sombreros antiguos, con tocados o aires de turbante. De allí cuelga también una cartera en forma de vasija para regar plantas y otra roja hecha de ositos de juguete en proporción tridimensional.

El nochero revela cuencas colmadas por anillos y bisutería. Contra el ventanal que la mirada atrapa desde la puerta descansan máquinas de coser, antiguas y viejas, cámaras análogas y un juguete que refleja uno de los lemas de su cultura material: los conejos. Estantes blancos de madera sostienen libros de moda, un zapato en proporción mini de McQueen y fotografías. Miss Romeo, la conejita y mascota que Aysha ha traído desde Milán, se desplaza sigilosamente por el tapete para acomodarse tímidamente en un rincón.

Todo este collage visual parece anticipar las estampas de una estética personal caracterizada por el maximalismo, la locura por el color y la presencia de loud clothes. En el centro de la habitación hay una poltrona de cojinería blanca sobre la que descansan: una falda negra tipo A de cuero, el clásico bolso negro y acolchado de Chanel, brazaletes impetuosos, un collar con silueta de cadena gruesa y una carterita redonda, pequeña, hecha de lentejuelas y con la figura de Piolín. El estilo de Aysha acoge la dureza, la oscuridad de lo gótico, el estallido de color, la exageración de la década del 80, el amor por lo antiguo, la apreciación por los clásicos y un particular gusto por todo aquello que sea trashy.

Pero fue Italia el lugar que más la influyó estilísticamente. En Milán, donde vivió seis años, estudió Diseño de Moda en el Istituto Marangoni. El vintage fue su salvación y compró su primer par de zapatos de diseñador, Miu Miu. Al regresar a Bogotá sintió el choque. Aysha ensaya un look frente a la cámara que resume de cierta manera su amor por el maximalismo y la ‘bulla’ visual: la falda de cuerpo negra que reposaba en la poltrona combinada con una camisa de seda floral por Leal Daccarett, una chaqueta vintage de Moschino y las impetuosas botas negras de Jeffrey Campbell. “Con este look recibo miradas buenas y miradas malas. Le ‘bajo’ a mis atuendos según la ocasión, pero este es el tipo de ensamble que me merece críticas y acusaciones de querer simplemente llamar la atención, porque viví en Italia, porque quiero exhibición”.

No es fácil lidiar con las miradas de juicio y señalamiento del público colombiano. El look de Aysha es excéntrico y resulta fácil imaginar cómo podría incomodar a los transeúntes que frecuentan la T un sábado por la tarde. A eso se suma que su belleza no es típicamente colombiana y que, sobre todas las cosas, tiene el coraje para vestirse para ella.

Daphne Guinness tenía razón al decir que no hubo otra época más indulgente con el performance, la exageración, el dramatismo y el ingenio estético que la década del 80. Lo grande, el ‘más es más’, los pantalones de talle alto, el mix de estampados diferentes entre sí, todos característicos de la época hacen parte del estilo personal de Aysha.

Pero, ¿cómo sentirse cómoda con la excentricidad? ¿Y cómo hacerlo en una ciudad donde se valora como ‘elegante’ a quien usa tacones en la oficina o donde se siente la más leve perturbación cuando una mujer apela a una estética que rebasa la convención y el opaco uniforme de las calles bogotanas? “Lo que más acompleja a las mujeres es la mirada de un hombre”, dice Aysha. La respuesta para ese interrogante es, entonces: seguridad. Tal vez el atributo más atractivo en una mujer, incluso más que cualquier atributo físico apetecible por la mirada masculina.

En moda, el debate está despierto. ¿Para quién se visten las mujeres? ¿Se sienten más seguras si logran atraer a los hombres? La mayoría de ellas sí. Leandra Medine, una joven neoyorquina ha acuñado el término man repeller (repeledora de hombres), gracias al celebrado blog que inventó con el mismo nombre. La filosofía versa más o menos en lo siguiente: entre más creativamente te vistas, más atraerás a la manada de la moda pero menos atraparás el interés masculino.

Así las cosas ¿es Aysha una man repeller? En muchos sentidos lo es. No sólo porque su estilo personal sea excéntrico, bullicioso y singular, sino por su asertiva manera de llevar lo que se pone. “A los hombres les intimida la seguridad en una mujer, especialmente al estereotipo de hombre ‘preppy’, muy común en Colombia. Me han motivado a ponerme otras cosas para ‘levantar más’”.

¿Qué es sexy para Aysha? Una camisa grande y ancha, medias veladas negras, transparentes y tacones. O una falda pitillo muy ajustada, usada con un body ligeralmente revelador, todo combinado con botas Doc Martens en vez de tacones.

Tal vez  el estilo de Aysha no sea el que más apele a nuestro gusto ni tampoco el más fácil de digerir pero es un estilo con sentido de convicción, coherente con su naturaleza, iconografía e historia personal como mujer. Ella sabe romper las reglas, ser rebelde con gracia. No se siente intimidada por la convención. No tiene ansias de complacer a nadie, especialmente a los hombres colombianos. Sin temerle a su belleza o a su tipo de cuerpo, prefiere ser juguetona y ‘bulliciosa’.

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