VANGUARD EN COLOMBIAMODA

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Vanessa Rosales, conocida crítica de moda y directora de VANGUARD, fue convocada por MSN para producir contenidos exclusivos durante la feria de moda más importante del país. Reseña de un especial con 70 millones de lectores y con visibilidad en toda América Latina. Diario de conclusiones de una crítica de estilo.

(Publicado exclusivamente en msn.com)

Vanessa Rosales

Con el fin de Colombiamoda, quedan en el aire un cúmulo de conclusiones sobre el estado actual de la moda colombiana. La primera, que el único diseñador que posee y ejecuta una verdadera visión de moda en el país es Carlos Polite.

Es la dimensión que otorga el diseñador al poder de la reflexión en la creatividad lo que distingue y exalta a un sello que, con apenas tres años en la escena, revoluciona los esquemas rígidos y retrógrados que imperan en la moda nacional.

Polite refleja con nitidez que, a veces, las grandes mentes provienen de los lugares más inesperados y provincianos; que, como Chanel, en la simplicidad se esconde el discurso de la sofisticación atemporal y que detrás del sello se alberga lo que la mayoría de los diseñadores colombianos carecen: una visión, un discurso, un cuerpo de pensamiento.

Con su primera aparición en Colombiamoda, Polite deslumbró con una colección que demuestra su poder para sincretizar conceptos e inventarse un tipo de feminidad posmoderna y atemporal. Carlos exploró la tradición mariana andaluza, evocando una metáfora para la mujer contemporánea: la de una virgen guerrera, alejada de moralismos terrenales, buscadora de su identidad, femenina, realista, minimalista, romántica.

Vale la pena anotar que pese a la virtuosa exquisitez de la muestra de Polite, los medios colombianos no buscaron entrevistas con el diseñador. Eso refleja la inmadurez de la escena local para comprender la hondura de un discurso que traspasa los esquemas con los cuales los colombianos entienden la moda: como un vehículo de excentricidad o como una potencia comercial de negocios masivos e industriales.

El azul añil y el blanco, las peinetas en formas de visera, los rosarios enhebrados por pequeñas rosas, los velos juguetones y místicos, la cadencia solemne del paso en las modelos y los matices de vestimenta militar reflejan el don del diseñador para una interpretación ingeniosa, precisa y lúcida que se aleja de lo literal. La emoción de la audiencia se reflejó en las palabras de Vera de Tcherassi al finalizar el desfile: “Se reconcilia uno con el diseño colombiano”.

La segunda gran conclusión: que la presencia de Yvan Rodic, más conocido como Face Hunter pone en el radar global las expresiones del estilo urbano colombiano. Que también la presencia de Noreen Flanagan, directora de Elle Canadá y de Kelly Talamas, directora de Vogue Latinoamérica, refleja el proceso que Colombia ha atravesado en los últimos años, consolidándose como un mercado emergente, fresco, donde todo aún está por realizarse y donde la creatividad expresa apetitos cada vez más globales.

El hecho de que la CFDA (el prestigioso Council of Fashion Designers of America) haya establecido un vínculo con Inexmoda también habla sobre los alcances de Colombia como un país que puja por ser cada vez más global. No obstante, la presencia de Christian Cota también habla sobre lo que aún nos estanca: el deslumbramiento ante las formas. ¿Qué relevancia tiene realmente que un diseñador consagrado internacionalmente presente en Colombiamoda un ‘remix’ de looks sobresalientes? Si hay algo que Cota puede enseñar a los diseñadores colombianos es a apropiarse de su identidad autóctona sin caer en la literalidad o el cliché. Pero la contribución, de fondo, es superficial.

La moda colombiana es, sobre todas las cosas, un reflejo de nuestra cultura más arraigada. Somos un país fácil de embelesar, somos seducidos por lo novedoso, lo encumbrado, lo célebre, pero raramente indagamos de qué se trata, qué trascendencia tiene, qué significa para nosotros realmente.

Tal es el caso con el boom de blogueros que se ha presentado en el último año. Si bien este séquito de nuevos intérpretes de la moda está demostrando – como lo demostraron ya los internacionales – que los grandes medios no suplen las necesidades estilísticas que tienen los individuos en Colombia, también es cierto que participan de este síntoma de embelesamiento profundamente colombiano. Muchos se dejan impresionar por el fenómeno sin cuestionar sus sentidos y significados.

Es altamente rescatable que los blogueros colombianos se abran un espacio en la nueva escena local, también que se agrupen, fomentando un nuevo cúmulo de influencia, pero falta que distingan sus identidades, que tracen un punto focalizado, un énfasis, algo que lleve a otro nivel la posibilidad de editorializar las vicisitudes de la moda colombiana.

La nueva escena de la moda nacional bulle, reflejándonos como un país con apetitos progresistas que aún se constriñe ante el estancamiento de sus limitaciones.

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